
"Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio.
-Epicuro de Samos"
Y de pronto, ya no lo tienes, ya no está, eso que abrazabas tanto, aquello de lo que en cierto grado dependías, aquello que sujetaste por mucho tiempo y que quizás ya te habías acostumbrado a sólo disponer de ello, simplemente ¨Maaah¨, ya no está. Llámalo como quieras, relación, posesión, hábito, etc. Llega el momento en la vida cuando nos encontramos sin aquello que nunca nos imaginaríamos iríamos a dejar, o nos faltaría. Te sientes tan extraño, sin esto, nunca te hubieras visto así a no ser por x circunstancia que llegó tan inesperadamente y lo quitó.
Puedes razonar y buscar conclusiones, puedes extrañar y vivir recordando aquello que ya perdiste, que ya no tienes, pero sólo estarás dando vueltas en el desierto sin llegar a ningún lado, y estarás atormentándote más.
Aquí, cuando no hay nada, cuando te sientes triste, extrañando, o te sientes simplemente raro por aquello que se fue y ¨Maaah¨, ya no está, es cuando debes vaciar tus bolsas y ver qué llevabas en ellas. Es un área de oportunidad, es el momento de crecer y avanzar. No estoy sólo tratando de motivarte, sino que observes y te consideres a ti mismo por dentro. Que hables verdad en tu corazón y conozcas lo que había y hay dentro de ti, que conozcas quién eras tú cuando aún lo tenías, cuáles eran tus motivaciones, que te descubras; que pruebes tus convicciones, lo que creías, y ahí examines tu corazón. Tú, solo, hablando verdad contigo mismo, y conociéndote por dentro.
“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, -Y habla verdad en su corazón-.” –Salmo 15:1-2
Es entonces, cuando no tienes ciertas cosas que considerabas vitales o necesarias que puedes reconocer el nivel de dependencia que tenías hacia ellas, cuando puedes pensar más fríamente, sin tanto ‘bump, bump’ de los sentimientos y con la mente más clara. Es entonces, cuando, si entiendes el momento, puedes ver la redención y la madurez llegando de la mano hacia ti. Es ahí donde no habrá pretextos para responder a las cosas que habías dejado sin resolver. Es ahí cuando Dios se presenta como un ángel que forcejea contigo para ayudarte a abandonar tu estado pasado, tu antiguo nombre y darte una bendición que sobrepasará tus expectativas presentes. Es ahí cuando entenderás el por qué Dios dejó que pasaran así las cosas. Es ahí, que verás a Dios más real, ahí donde él te dará un nuevo nombre y paz, es ahí si es que tú lo deseas que encontrarás propósito.
Así que no busques recuperarlo, no busques ganarlo de nuevo, lo perderás, más bien, reconoce esta área de oportunidad en la falta de esto que amabas o que te habías acostumbrado a tener y abraza el propósito de Dios para ti. Abre bien tus ojos y pelea por la bendición; ella muchas veces viene como nunca te la hubieras imaginado. Generalmente Dios permite que algo te falte o que estés sin eso que amabas para ayudarte a estabilizar tu vida, que sea que tengas o no, tu estado de ánimo no cambie o fluctué.
Dios puede ver las aflicciones que sufres por estos cambios tan bruscos dentro de ti por la falta de algo de lo que llegaste a depender, y en ellos Dios desea encuentres estabilidad. Que tu condición no cambie, sino que sea fundada en algo más fuerte, en él, en Dios, en su propósito para tu vida. Pablo menciona esto en uno de los versículos más dichos y más mal entendidos. “...En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” -Filipenses 4:12b-13. Ósea, me he encontrado en diferentes condiciones y en cada una todo lo puedo en Cristo que es mi fuerza, él menciona.
Qué es o que se te ha quitado, que es lo que ¨Maaah¨, ya no está y desees que regrese... no será Dios mismo que lo permitió para que pudieras notar algunas áreas en tu vida que tienes que estabilizar en algo más grande que esto que ya no esta. Date cuenta contra que estas peleando, descubre al ángel que viene en tu aflicción a darte un nombre nuevo y paz.
“Los que confían en Dios son como el monte de Sion que no se mueve, sino que permanece para siempre”