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Algunas veces desearía ponerle la fuerza a mi voluntad que siento en mi espíritu. Decirle que obedezca ciertas órdenes mi corazón le dicta por el simple hecho de que sé esto será lo mejor. Mas no sucede así. Mi voluntad muy seguido no siente las fuerzas, el deseo o no encuentra la lógica de lo que por dentro mi espíritu si.

Aquí las historias escuchadas, leídas o aprendidas en experiencias pasadas sólo me hacen sonreír en emoción por alcanzar lo que sé que viene tras la tentación o prueba. Aquel premio y victoria que se obtiene cuando logras hacer lo correcto no importando el qué, quién o cómo.

Sin embargo las mismas no me dan la fuerza, sólo me animan, y el animo no tiene efecto en mi determinación, aquello que me emociona quizás me podrá levantar en buen animo, mas no me mantendrá en perseverancia hasta que mi yo determinante así lo diga.

De cierta manera creímos que sería así de fácil; escucharlo, creerlo, quizás verlo en la vida de otros, decir si puedo y ya. Hecho. Se pudo. No, no es así. Es un constante trabajo en el proceso de alcanzarlo que se compone de auto-determinación constante, visualización de lo que quiero lograr y ambición por tenerlo o lograrlo. Eso es lo que las historias no pueden transmitir del todo aunque nos motiven tanto. Hasta que estemos allí, sudando, doliéndonos y preguntándonos si valdrá la pena el esfuerzo es que puedes darte cuenta por qué realmente lo deseas y si en verdad estas dispuesto a ir por eso no importando la constante prueba, desanimo y frustración que tratará de hacerte desistir.
paz

Lloramos la Manzana

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Deseamos sentirnos seguros del mañana. Seguros que algo nos pertenece y nadie no lo quitará. Seguros de que a pesar de conocernos en lo más oscuro algo podemos poseer. De algo podemos tomarnos y saber que estará ahí mañana aunque no lo merezcamos.

Y lastimamos, robamos, momentos únicos, no por nuestra maldad, tampoco porque la situación así se hubiera presentado, sino por la inseguridad de no saber si mañana tendremos tal belleza, tal seguridad, tal paz como la que tenemos hoy a nuestro lado.

Lagrimas se deslizan en los ojos de ella, aunque sabe bien que accedió, se dio por amor, pero muy dentro sabe que no tuvo que haber sido así y pudo haber valorado más el regalo de honor, que se entrega a quién más por ella aprendió a luchar en sagaz amor. Pareció tan fácil al momento, pero hoy duele solo recordar aquel incansable argumento.

Y es que fuimos heridos y no lo entendimos, la herida fue la mentira que creímos. Y aún cuando pensamos la sed apagaríamos o quizás mejor nos sentiríamos, la verdad es que más profunda la lanza queda en nuestro organismo... Y sólo la verdad podrá hacernos libres, para confiar en que mañana será un día mejor, no por lo que soy, sino por quién en una cruz sin esperar nada a mi me amo y todo lo dio.

La paz que amanece cada mañana y da tranquilidad es la que dejo que inunde mi alma cada vez que levanto mis manos al cielo y me entrego sabiendo que no tengo nada para a cambio dar. Entonces empezamos a digerir verdadera libertad.











paz