Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado. -Oscar Wilde
Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que práctica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.
–Benjamín Franklin
IGNORAMOS NUESTROS GANDES MOMENTOS, AQUELLOS QUE VENDRÁN DISFRAZADOS DE LO OPUESTO A LO QUE PENSAMOS SERÍA PARA NOSOTROS EL IDEAL. Llegamos a abrazar cualquier cosa que llega en el momento en que anhelamos, en que contemplamos, en que salimos a la azotea y miramos. Y es que somos tan humanos. No porque comencemos a conocer más, a darnos cuenta de los errores que comúnmente como personas cometemos significará que dejaremos de reincidir. No por que hemos llegado hasta aquí no volveremos a equivocarnos más en lo que en el pasado nos llego a casi matar. Somos aún vulnerables, y no hay garantía de salvación, más que la que uno mismo vista como armadura. Y aunque creamos saber más, discernir u observar mejor, siempre podremos volver a lamentar nuestras nuevas elecciones. Porque aún elegimos, y no siempre lo que sabemos es lo correcto. No siempre decidimos negarnos a algo, y no siempre seguimos los consejos que nosotros mismos damos.
Somos fácilmente persuadidos por el momento, no por que este venga con una extraordinaria oferta, no porque este traiga lo que habíamos estado esperando toda la vida, no porque la certidumbre plena nos dirija a tomarla, sino por que esta oferta llega cuando más susceptibles estamos.
Comenzamos a actuar como odiábamos ver a otros actuar; tomamos sin la convicción completa alguna decisión y en ella empezamos a deleitarnos en esto, como si por dentro sintiéramos la necesidad de estar plenamente seguros de que estamos en lo correcto sacamos conclusiones positivas. Platicamos a quienes más admiramos nuestras decisiones, y con bombo y platillo los tratamos de convencer de lo que aún nosotros no nos sentimos convencidos del todo. Pero, es tan dulce. No completamente, sin embargo llega en el momento mas sensible o quizás en el momento que comenzábamos a recibir presiones y no usamos nuestro refugio perfecto. Ahí, las pequeñas ambiciones llegan disfrazadas como mágicas y tan perfectamente encajan a nuestras necesidades. Ahí, comenzamos a conformarnos, pues es imposible llegar a tener lo que realmente anhelaríamos, ¿verdad? No siempre uno obtiene lo que uno busca después de todo, ¿o si?
Nuestra filosofía cambia a medida que cedemos a nuestras conclusiones lógicas. Nuestra perspectiva se va adaptando a nuestra conveniencia. Lo que antes rechazaríamos ahora lo abrazamos, y ahí, perdemos aquellas grandes promesas, y nos conformarnos con actuar como extra en la película donde nosotros seríamos los protagónicos. Pero, no importa, siempre tendremos otra oportunidad; es bueno equivocarnos porque ahí aprenderemos; es bueno fallar, creamos convicciones más firmes, aunque quizás no llegue el día en que podamos rectificar, dar vuelta atrás y nos hayamos sumergido más, hayamos abrazado y razonado tanto aquello que nunca estuvimos del todo convencidos. Al fin y al cabo es nuestra vida, por más duro que sea tragarnos las palabras y detener las lagrimas sufridas, fue nuestra decisión y sabíamos que esto al final sucedería.
Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que práctica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.
–Benjamín Franklin
IGNORAMOS NUESTROS GANDES MOMENTOS, AQUELLOS QUE VENDRÁN DISFRAZADOS DE LO OPUESTO A LO QUE PENSAMOS SERÍA PARA NOSOTROS EL IDEAL. Llegamos a abrazar cualquier cosa que llega en el momento en que anhelamos, en que contemplamos, en que salimos a la azotea y miramos. Y es que somos tan humanos. No porque comencemos a conocer más, a darnos cuenta de los errores que comúnmente como personas cometemos significará que dejaremos de reincidir. No por que hemos llegado hasta aquí no volveremos a equivocarnos más en lo que en el pasado nos llego a casi matar. Somos aún vulnerables, y no hay garantía de salvación, más que la que uno mismo vista como armadura. Y aunque creamos saber más, discernir u observar mejor, siempre podremos volver a lamentar nuestras nuevas elecciones. Porque aún elegimos, y no siempre lo que sabemos es lo correcto. No siempre decidimos negarnos a algo, y no siempre seguimos los consejos que nosotros mismos damos.
Somos fácilmente persuadidos por el momento, no por que este venga con una extraordinaria oferta, no porque este traiga lo que habíamos estado esperando toda la vida, no porque la certidumbre plena nos dirija a tomarla, sino por que esta oferta llega cuando más susceptibles estamos.
Comenzamos a actuar como odiábamos ver a otros actuar; tomamos sin la convicción completa alguna decisión y en ella empezamos a deleitarnos en esto, como si por dentro sintiéramos la necesidad de estar plenamente seguros de que estamos en lo correcto sacamos conclusiones positivas. Platicamos a quienes más admiramos nuestras decisiones, y con bombo y platillo los tratamos de convencer de lo que aún nosotros no nos sentimos convencidos del todo. Pero, es tan dulce. No completamente, sin embargo llega en el momento mas sensible o quizás en el momento que comenzábamos a recibir presiones y no usamos nuestro refugio perfecto. Ahí, las pequeñas ambiciones llegan disfrazadas como mágicas y tan perfectamente encajan a nuestras necesidades. Ahí, comenzamos a conformarnos, pues es imposible llegar a tener lo que realmente anhelaríamos, ¿verdad? No siempre uno obtiene lo que uno busca después de todo, ¿o si?
Nuestra filosofía cambia a medida que cedemos a nuestras conclusiones lógicas. Nuestra perspectiva se va adaptando a nuestra conveniencia. Lo que antes rechazaríamos ahora lo abrazamos, y ahí, perdemos aquellas grandes promesas, y nos conformarnos con actuar como extra en la película donde nosotros seríamos los protagónicos. Pero, no importa, siempre tendremos otra oportunidad; es bueno equivocarnos porque ahí aprenderemos; es bueno fallar, creamos convicciones más firmes, aunque quizás no llegue el día en que podamos rectificar, dar vuelta atrás y nos hayamos sumergido más, hayamos abrazado y razonado tanto aquello que nunca estuvimos del todo convencidos. Al fin y al cabo es nuestra vida, por más duro que sea tragarnos las palabras y detener las lagrimas sufridas, fue nuestra decisión y sabíamos que esto al final sucedería.

0 comentarios:
Publicar un comentario