1, 2, 30, 40 ...y ¿qué más?

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Estaba leyendo un artículo en una de mis revistas favoritas qué hablaba del miedo que algunas personas enfrentan cuando van creciendo, cuando pasan de los 20 para cumplir 30, después 40, y las siguientes odiseas que vienen con cada década.

Recuerdo también una persona cercana a mi familia que mencionaba tenerle pánico al pensar en su futura senectud. Decía que prefería morir que llegar a esa edad. Me pareció muy alarmante escuchar algo así. Y es que nos visualizamos en otras personas y nos amedrentamos, observamos y tratamos de evadir esa carrera, posición o nos da miedo llegar a esa edad porque pensamos que seremos igual, que tendremos las mismas frustraciones, aburrimiento o seremos una carga para los demás, pero no.

En cada pensamiento que llega a tu mente tú cuentas con una decisión, la de tomarlo de la manera negativa o ver el sin fin de oportunidades que puedes aprovechar. Y es el saber que llegas a un momento en donde te das cuenta que cada elección puede ser poderosa para girar el rumbo de tu vida en cualquier instante. Así que nos convertimos en meticulosos evaluadores de cada cosa. Lo que por siguiente atrasa nuestras bendiciones más grandes.

He conocido ancianos que al despedirme de ellos me siento lleno, rico, como si hubiera estado en una cátedra acerca de cómo vivir mejor la vida, personas mayores que al verlas soy motivado grandemente no tan solamente por sus palabras, sino por su manera de responder a las adversidades. Algunos involucrados en grandes proyectos, otros dedicando sus vidas hacía los que menos tienen, otros hasta emprendiendo ideas descabelladas y mucho más. Alguien pudiera criticarlos, pero su ‘moto’ a sido decidir la segunda vía –ver las oportunidades en cada cosa -.

Quizás el miedo se presenta cuando aquellos mayores de los que sueles rodearte no tomaron decisiones sabias en sus tempranos años y son tan evidentes las consecuencias negativas. Quizás porque no tuvieron las mismas oportunidades. Quizás porque lo intentaron, pero su fracaso y las críticas los tumbaron y jamás lo volvieron a hacer. La elección, sin embargo, es de cada uno de nosotros, de rodearnos de aquellos mayores quienes pueden ser causa de anhelar ser como ellos al alcanzar su edad. La incertidumbre desaparece cuando ves las oportunidades que gente así ha decidido arrebatar y encuentras entonces esperanza y paz.

Rodéate de gente apasionada por algo, fue el consejo que escuche de chico. Rodéate de sabios, rodéate de locos quienes caminen con propósito no temiendo nada. Rodéate de aquellos quienes puedan impulsarte a alcanzar tu anhelo. Rodéate de GRANDES grandes amantes de la vida.

Helados y Dormidos

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Hoy la ciudad esta sola, no hay muchos carros, ni mucha gente en las calles. El pronostico del tiempo para nuestra ciudad acostumbrada a días soleados y muy calientes fue “frío extremo”. Dijeron -0° centígrados y todos se espantaron. En el colegio hay solo 20 alumnos de casi 700 y mis compañeros se abrigaron hasta los dientes, aunque… realmente no está tan frío.

Considero las ciudades de Estados Unidos donde el frío es el común denominador y la gente se ha habituado a conducir, a ir a la escuela y hacer sus labores en condiciones peores que la que hoy se presenta en Monterrey y me pregunto que sucedería si su clima cambiará al que nosotros nos hemos acostumbrado. Si algún día se pronostica 45° centígrados y mucho calor. Creo que sucedería lo mismo. Se espantarían.

Cada momento en el que se nos avisa que nuestras condiciones actuales o a las que estamos acostumbrados cambiarán parece que nuestro mundo se conmocionará. Sabemos que podremos con eso, pero será más difícil y no nos gustará. Sin embargo, frecuentemente pasa en otras áreas en que nuestra sensibilidad se ha dormido, como cualquier músculo del cuerpo que dejamos de usar o mover por algún tiempo.

Tengo una amiga a quien no le afecta el mal olor de lugar, no puede diferenciar si la comida tiene un buen aroma o si algo se pudrió. Su nariz no detecta esos estímulos. Su sentido del olfato esta dormido.

Y de pronto se nos duerme en alguna área. Llegamos a escuchar tanto algunas mentiras que en algún punto decidimos estar de acuerdo con ellas. Se nos acostumbra a vivir en estas nuevas condiciones a las que se les llama “tener una mente más abierta” así que aceptamos nuevas filosofías, aunque no las entendamos del todo, de alguna manera toda esa gente no puede estar equivocada, ¿o si?.

Tengo que aceptar que ciertos días no contesto el celular porque me siento agobiado con tanta información que llego a escuchar durante el día. Información con la que muchas veces no coincido, pero al escucharla tanto llego a dudar de mis propias convicciones. Como si llegará a dormirse o a insensibilizarse mi sentido de juicio respecto algunos temas. Y al estar así, te aterrorizas cuando vuelves a escuchar la verdad, cuando cambia el clima de las cosas, aquellas a las que eras sensible, pero ahora habiendo aceptado alguna mentira dicha mil veces, te espantas por que ya se te ha acostumbrado a vivir en ella. Así que te encierras en tu casa, porque aunque no haga tanto frío, se te dijo que sería muy arriesgado salir así… cuando esta “helando” allá afuera.

¿Corazón o Panza?

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En la ciudad empezaron a poner a dieta a los oficiales de tránsitos, no podía de la risa al pensar en tan rechonchos señores trepados en sus motos, ahora imaginándomelos en forma, bien cuadrados, levantando suspiros entre las regiomontanas que los verán pasar por sus calles. Sería interesante ver algo así.

Y al imaginarme la idea me pregunte si a caso algo cambiaría en su reputación, en como los conocemos: pidiendo mordidas a diestra y siniestra, buscando la manera de sacar algo de dinero extra con corrupción, etc. Concluí en una negativa. Pensé que aunque podemos cambiar el exterior, su corazón es la raíz del asunto principal, de sus acciones, de cómo se les conoce y de su manera de conducirse.

El otro día platicaba con un amigo acerca de la obsesión que algunas personas tienen con sus mascotas, le comentaba que hace años había visto a una señora cruzando corriendo una avenida muy transitada en la ciudad persiguiendo a su ‘chihuahua’, quien escapaba -con mucha razón- de ella. La mujer no observó si en ese momento podía o no cruzar, ella sólo corrió tras su bebé. Algunos autos patinaron, otros casi chocan entre ellos para evitar atropellarla y yo que veía solamente levante mis hombros esperando lo peor de esa escena. Ya que lo alcanzó, volvió a cruzar entre los autos que detenidos en lo aparatoso ondeaban sus manos hacía ella, entre gritos eufóricos que realmente no alababan el hecho que ella pudo atrapar a su perrito ni mucho menos. Ella ni se inmutó.

Hace tiempo jugaba basquetbol en un equipo con el que pudimos llegar hasta la final. Sin embargo, mientras jugábamos los ánimos se comenzaron a calentar y empezaron a marcarse más faltas de lo normal. Uno de mis compañeros justo para pasar la pelota decidió cambiar el pase fuertemente hacía la cara del jugador del otro equipo que lo cubría. Se agarraron a golpes en los que decidí no participar, sino tratar de calmarlos sin mucho éxito. El juego se suspendió, ganando el otro equipo.

Y para nada la solución será poner en forma física a nuestros oficiales, o llevar a terapia a mujeres que proyectan su soledad en mascotas o cosas materiales, ni mucho menos dejar de jugar con equipos más agresivos para no alterarnos. No. Ningún intento exterior podrá ejercer alguna motivación interna para cambiar el corazón de un hombre que ha aceptado que ‘sin tranza no avanza’ o podrá darle paz a una mujer que canaliza sus tristezas en obsesión hacía su perrito, ni podrá convertir jugadores alterados en relajados competidores.

La causa esta en el corazón.

Donde crece la avaricia, donde se alojan los miedos, donde crece la desesperación.

Así que aunque se estimulen a las personas a través de ideas, objetos y juegos, si jamás deciden en su corazón cambiarse a ellas mismas seguiremos viendo los mismos conflictos día tras día. El dedo no se apunta hacía aquellos en problemas, sino hacía quien vemos en el espejo cada mañana, para considerar nuestro corazón, nuestra tolerancia, flexibilidad y entendimiento. Para ser mejores para nosotros mismos. Cediendo a causa de algo más grande. Entendiendo que cada fricción es una oportunidad que nos brinda Dios para conocer quien realmente somos al percibir nuestra respuesta ante eso.

Leía una frase que decía: “Cuando veas a un hombre grande, trata de emularlo, y cuando veas a uno malo, considérate a ti mismo”.

Qué este nuevo año seas un mejor tú, para ti, alumbrando en tu caminar a otros.