Hoy la ciudad esta sola, no hay muchos carros, ni mucha gente en las calles. El pronostico del tiempo para nuestra ciudad acostumbrada a días soleados y muy calientes fue “frío extremo”. Dijeron -0° centígrados y todos se espantaron. En el colegio hay solo 20 alumnos de casi 700 y mis compañeros se abrigaron hasta los dientes, aunque… realmente no está tan frío.
Considero las ciudades de Estados Unidos donde el frío es el común denominador y la gente se ha habituado a conducir, a ir a la escuela y hacer sus labores en condiciones peores que la que hoy se presenta en Monterrey y me pregunto que sucedería si su clima cambiará al que nosotros nos hemos acostumbrado. Si algún día se pronostica 45° centígrados y mucho calor. Creo que sucedería lo mismo. Se espantarían.
Cada momento en el que se nos avisa que nuestras condiciones actuales o a las que estamos acostumbrados cambiarán parece que nuestro mundo se conmocionará. Sabemos que podremos con eso, pero será más difícil y no nos gustará. Sin embargo, frecuentemente pasa en otras áreas en que nuestra sensibilidad se ha dormido, como cualquier músculo del cuerpo que dejamos de usar o mover por algún tiempo.
Tengo una amiga a quien no le afecta el mal olor de lugar, no puede diferenciar si la comida tiene un buen aroma o si algo se pudrió. Su nariz no detecta esos estímulos. Su sentido del olfato esta dormido.
Y de pronto se nos duerme en alguna área. Llegamos a escuchar tanto algunas mentiras que en algún punto decidimos estar de acuerdo con ellas. Se nos acostumbra a vivir en estas nuevas condiciones a las que se les llama “tener una mente más abierta” así que aceptamos nuevas filosofías, aunque no las entendamos del todo, de alguna manera toda esa gente no puede estar equivocada, ¿o si?.
Considero las ciudades de Estados Unidos donde el frío es el común denominador y la gente se ha habituado a conducir, a ir a la escuela y hacer sus labores en condiciones peores que la que hoy se presenta en Monterrey y me pregunto que sucedería si su clima cambiará al que nosotros nos hemos acostumbrado. Si algún día se pronostica 45° centígrados y mucho calor. Creo que sucedería lo mismo. Se espantarían.
Cada momento en el que se nos avisa que nuestras condiciones actuales o a las que estamos acostumbrados cambiarán parece que nuestro mundo se conmocionará. Sabemos que podremos con eso, pero será más difícil y no nos gustará. Sin embargo, frecuentemente pasa en otras áreas en que nuestra sensibilidad se ha dormido, como cualquier músculo del cuerpo que dejamos de usar o mover por algún tiempo.
Tengo una amiga a quien no le afecta el mal olor de lugar, no puede diferenciar si la comida tiene un buen aroma o si algo se pudrió. Su nariz no detecta esos estímulos. Su sentido del olfato esta dormido.
Y de pronto se nos duerme en alguna área. Llegamos a escuchar tanto algunas mentiras que en algún punto decidimos estar de acuerdo con ellas. Se nos acostumbra a vivir en estas nuevas condiciones a las que se les llama “tener una mente más abierta” así que aceptamos nuevas filosofías, aunque no las entendamos del todo, de alguna manera toda esa gente no puede estar equivocada, ¿o si?.
Tengo que aceptar que ciertos días no contesto el celular porque me siento agobiado con tanta información que llego a escuchar durante el día. Información con la que muchas veces no coincido, pero al escucharla tanto llego a dudar de mis propias convicciones. Como si llegará a dormirse o a insensibilizarse mi sentido de juicio respecto algunos temas. Y al estar así, te aterrorizas cuando vuelves a escuchar la verdad, cuando cambia el clima de las cosas, aquellas a las que eras sensible, pero ahora habiendo aceptado alguna mentira dicha mil veces, te espantas por que ya se te ha acostumbrado a vivir en ella. Así que te encierras en tu casa, porque aunque no haga tanto frío, se te dijo que sería muy arriesgado salir así… cuando esta “helando” allá afuera.

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