"El mejor regalo que podemos darnos unos a otros es atender embelesados cada uno la existencia del otro." -Sue Archley Ebaurgh
Estaba leyendo en uno de mis libros favoritos, El Comunicador Revolucionario una historia que me volvió a mover mucho el tapete. Dice que una mujer fue invitada por un Gran Ministro muy importante, William Gladstone, para cenar y que no mucho después también cenó con el famoso vengador político Benjamin Disraeli. Cuando le preguntaron a la mujer sobre la impresión que tuvo de haber cenado con estas dos personalidades, ella dijo: "Al dejar el comedor, luego de estar sentada con el señor Gladstone, pensé que él era el hombre más inteligente de Inglaterra. Pero luego de haber estado sentada junto al señor Disreali, creí que yo era la mujer más inteligente de Inglaterra".
Wow. Me encanto. Poca gente conozco que realmente sabe escuchar. Que realmente oye, y esos pocos son gente exitosa que muchos aman y respetan verdaderamente sus palabras.
Es mucho más fácil hablar, decir, proclamar que sentarte en una cama de hospital, con algún niño de la calle con alguna persona sola de la tercera edad para simplemente escuchar. No importando el tiempo. Decirle con una sonrisa genuina, me importas y deseo oir tu historia.
Cuando estaba niño escuche la historia de el ciego Bartimeo. Dice que en el alboroto de toda la gente que buscaba conocer a Jesús e intercambiar palabras con él, este ciego clamó desde su lecho llamando a Jesús. Y si puedes leer entre líneas y ver algo más que a Jesús el superheroe de la historia que a todo mundo ayuda y sana, podrás descubrir la compasión que lo movia para hacer lo que hacía. Dice que detuvo su caminar, se dirigió al ciego y le preguntó: "¿Qué es lo que quieres que haga por ti?" No sólo lo sano, se detuvo y lo escuchó. ¿Me esta preguntando a mí? ¿A un ciego? Se detuvo sólo por mi. Puedo imaginarme cada una de esas líneas cruzando por la mente de Bartimeo.
Leí una frase de Jim Elliot que decia, "Donde quiera que estes, permanece por completo".
La atención genuina es magica, es tan necesaria, es clave para cualquier relación sana que busca no sólo obtener y enriquecerse aprendiendo, sino escuchar para mostrarle a los demás sus riquezas en empatia y compasión.
Estaba leyendo en uno de mis libros favoritos, El Comunicador Revolucionario una historia que me volvió a mover mucho el tapete. Dice que una mujer fue invitada por un Gran Ministro muy importante, William Gladstone, para cenar y que no mucho después también cenó con el famoso vengador político Benjamin Disraeli. Cuando le preguntaron a la mujer sobre la impresión que tuvo de haber cenado con estas dos personalidades, ella dijo: "Al dejar el comedor, luego de estar sentada con el señor Gladstone, pensé que él era el hombre más inteligente de Inglaterra. Pero luego de haber estado sentada junto al señor Disreali, creí que yo era la mujer más inteligente de Inglaterra".
Wow. Me encanto. Poca gente conozco que realmente sabe escuchar. Que realmente oye, y esos pocos son gente exitosa que muchos aman y respetan verdaderamente sus palabras.
Es mucho más fácil hablar, decir, proclamar que sentarte en una cama de hospital, con algún niño de la calle con alguna persona sola de la tercera edad para simplemente escuchar. No importando el tiempo. Decirle con una sonrisa genuina, me importas y deseo oir tu historia.
Cuando estaba niño escuche la historia de el ciego Bartimeo. Dice que en el alboroto de toda la gente que buscaba conocer a Jesús e intercambiar palabras con él, este ciego clamó desde su lecho llamando a Jesús. Y si puedes leer entre líneas y ver algo más que a Jesús el superheroe de la historia que a todo mundo ayuda y sana, podrás descubrir la compasión que lo movia para hacer lo que hacía. Dice que detuvo su caminar, se dirigió al ciego y le preguntó: "¿Qué es lo que quieres que haga por ti?" No sólo lo sano, se detuvo y lo escuchó. ¿Me esta preguntando a mí? ¿A un ciego? Se detuvo sólo por mi. Puedo imaginarme cada una de esas líneas cruzando por la mente de Bartimeo.
Leí una frase de Jim Elliot que decia, "Donde quiera que estes, permanece por completo".
La atención genuina es magica, es tan necesaria, es clave para cualquier relación sana que busca no sólo obtener y enriquecerse aprendiendo, sino escuchar para mostrarle a los demás sus riquezas en empatia y compasión.
paz

0 comentarios:
Publicar un comentario