En la Biblia hay una historia que de muy chavito me llamó la atención cuando la vi, es la historia de un profeta al que Dios le pidio que fuera a cierta ciudad a maldecirla. Las instrucciones que Dios le dio fuerón sencillas. Ve por tal camino y no regreses por el mismo, no te detengas en ningun lugar. Cuenta la historia que al regresar de la encomienda un profeta más viejo, con más experiencia le invito a pasar y comer a su casa. Él profeta le dijo que no podía pues Dios había dicho que no se detuviera en ningun lado. El profeta más anciano sin embargo insistio argumentando su experiencia y la manera que Dios también le hablaba a él. Convencido el profeta pasó la noche en su casa. Al siguiente día de regreso fue embestido por un león y murio.
Su historia no se vuelve a contar más, ni a saber de él, su trascendencia se detuvo ahí. Entro en el plan de alguien más que creía saber lo que más le convenia por su experiencia, por su inteligencia, porque quizás lo sentía la persona indicada para ese momento. Y allí perdió su propósito individual. Allí perdio su vida entera.
Si puedes observar a tu alrededor, a todas estas personas que deambulan como esperando que algo suceda y nada llega. Estas personas que murieron por dentro porque en algún lugar olvidaron sus sueños, olvidaron quienes eran, olvidaron a lo que fueron llamados a ser. Quizás por que alguien les ofrecio un precio mayor en el momento más indicado, porque a lo mejor fueron seducidos por una gran oferta o les pidieron que fueran alguien más con tal de ganar algo. Y allí perdierón pisada, así lo que pareciera ser una decisión de sólo un momento desencadeno la muerte de su sueño, la muerte de su propósito, la muerte de ellos mismos.
paz



